El sueño del celta

Publié le par Curro Zuloaga

Bruxelles, 19 de febrero de 2012

 

 

Con este artículo espero matar dos pájaros de un tiro: por una parte, empezar a incrementar el austero ritmo de creación de los dos últimos años; por otra parte, ayudar a mi propia memoria a recordar la información que pasa ante mis ojos. Y es que arrastro desde hace mucho la autopromesa de escribir un breve resumen de cada libro que lea o documental que vea; aunque ya sea lo suficientemente mayor como para saber que no cumpliré la promesa, al menos ahí quedará esta reseña para el futuro.

 

Un poquillo más de contexto y enseguida paso a resumir el libro: tras varios años de leer casi exclusivamente ensayos medioambientales, politicos o sociales en inglés, retomé hace unos meses el placer de la lectura en castellano, sin fines autodidactas sino simplemente por el placer mismo de leer. Estoy en cierto modo redescubriendo la belleza de mi propia lengua: he cambiado mesa, silla, libreta de notas, bolígrafo y ensayo sesudo; por sofá, manta, taza de infusión y novela de calidad.

 

Así es: desde el verano han caído en mis manos muchas novelas buenas y muy pocas malas: una de aventuras de Alberto Vázquez-Figueroa, “Arena y Viento”, posiblemente mi favorita de todas las que menciono aquí, que se desarrolla en el Sáhara español en la primera mitad del siglo XX; la hermosísima “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez; la lúgubre “La familia de Pascual Duarte”, primera novela de Camilo José Cela; “Las intermitencias de la muerte” (traducida al español) de Saramago, que tanto dice de cómo opera la mente humana, tanto individual como colectivamente; y por último, recién acabada, “El sueño del celta”, de Mario Vargas Llosa.

 

 


 

El sueño del celta

Mario Vargas Llosa

 

Roger Casement, nacido en Irlanda en la segunda mitad del siglo XIX, pasó la mayor parte de su vida sirviendo al Reino Unido como diplomático, primero en el Congo belga y luego en la Amazonía peruana. Durante estos años de diplomático, Míster Casement denunció persistente y abiertamente el trato que los colonos —los hombres del rey belga Leopoldo II en un caso y los de la británica Peruvian Amazon Company en el otro— infundían a los indígenas, trato abominable incluso medido con el rasero de la época.

 

el-sueno-del-celtaA medida que profundizaba en sus investigaciones y documentaba las atrocidades, crecía en la mente de Mr. Casement un paralelismo entre la explotación de los indígenas africanos y americanos por una parte, y la ocupación que la católica Irlanda (Éire) sufría por parte del protestante Reino Unido. Poco a poco, Mr Casement comenzó a destinar sus energías, que mermaban sin prisa pero sin pausa a causa de las enfermedades tropicales contraídas, a la lucha por la independencia de Irlanda. Lo hizo primero en silencio, aún como servidor británico; y luego abiertamente como uno de los líderes del incipiente movimiento revolucionario. "El Celta" usó en esta segunda etapa su reputación internacional para recabar apoyos, llegando incluso a confabular junto con los alemanes para atacar simultáneamente al Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial.

 

Fue detenido frente a las costas de Irlanda en abril de 1916, días antes del Alzamiento de Pascua. Acababa de desembarcar de un submarino que escoltaba a un barco alemán que transportaba miles de fusiles, balas y cañones para la causa irlandesa. Aunque completamente cierto, Mr Casement fue incapaz de convencer a los ingleses primero y a la historia después de que su objetivo era evitar el alzamiento contra los ingleses (porque era consciente de que sin el apoyo alemán éste era virtualmente un suicidio colectivo). Murió ahorcado en una cárcel inglesa en agosto de 1916. Sus últimas palabras fueron “Irlanda”.

 

La vida de Roger Casement contuvo, pese a la vision romántica esbozada, muchas paradojas: para empezar, su sexualidad. Mr Casement, según sus diarios, era homosexual y de prácticas sexuales extravagantes, lo que sirvió al Reino Unido para desacreditarlo no sólo en Inglaterra, sino también entre la puritana sociedad católica irlandesa de la época. Además, sus creencias religiosas y su sentimiento patriótico fluctuaron ampliamente según los momentos de su vida. Todo esto muestra que un héroe no es necesariamente el líder íntegro y clarividente que uno imagina, sino alguien que tropieza y se levanta, que duda, que busca el camino y lo acaba encontrando, a veces casi por azar. Un ser humano, en definitiva.

 

 

Sed felices! Y leed cuando tengáis tiempo, que de verdad que es un placer.

 

-curro-

 

 


 

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