Mequinez - Tetouan
Tetouan, Marruecos, 31 de julio de 2006
Hoy comenzábamos la vuelta hacia la parte más septentrional del país. En concreto, hoy querímos llegar a Chaouen (desde 1975 llamada Chefchaouen, pero casi todo el mundo utiiza el antiguo nombre). Para ello, había que tomar un tren a Tanger y luego, desde allí, un autobús a Chaouen.
Pues bien, desayunamos uno de esos maravillosos desayunos de Mamachi, que era la unica que quedaba en la casa. Le dimos las gracias infinitas veces por lo bien que se habían portado todos. Nos hicimos muchas fotos con ella: primero todos; luego las chicas; después los chicos… con las flores, sin las flores… de todas las maneras posibles.
Nos fuimos a la estación de tren, dónde vimos que el siguiente salía alrededor de las 14:30. Así que nos tocaba esperar, pero ya estábamos acostumbrados. El tren llegó más o menos puntual. Nos montamos en uno de los últimos vagones, y resultó no haber espacio, así que nos colocamos en uno de los descansillos que hay entre vagón y vagón, con la puerta abierta para que corriese un poco de aire, pues la temperatura hoy era elevadísima.
En el transcurso hasta la primera parada, anduvimos con ciertas dificultades por el interior del tren, hasta llegar a una parte en que no podíamos avanzar más. Allí tampoco había sitio, pero nos sentamos en los reposabrazos de otros viajeros por unos minutos. En la primera parada (Sidi Kazem), nos bajamos para ir a los vagones más delanteros, dónde sabíamos que había espacio libre. Estaban sucios y viejos como no los había visto nunca… este verano, lo que se lleva nos es el Inter-rail… sino el “Infra-rail”.
Viendo que el tren no se ponía en marcha, bajamos a comprar agua, pues 6 horas de viaje en este infratren sin nada de agua hubiera sido, cuando menos, peligroso. Casi perdemos el tren por bajar a por líquido, pero volvimos con 6 botellas de agua y cinco de una bebida de manzana con gas de cuyo nombre no quiero acordarme. La comida estaba cubierta, pues nos sobraban los bocadillos de la noche anterior (bocadillo de salmonelosis, mmmmm!!!).
Durante el viaje, estuvimos charlando con Ashma, una mujer marroquí que nos contó multitud de cosas acerca de la cultura, la religión y la historia de Marruecos. Es difícil juzgar lo que ellos piensan, sobre todo desde un punto de vista occidental, ya que se corre el riesgo de tener un punto de vista subjetivo de qué es lo normal. Aún así, esta es mi impresión: Ashma es una mujer de28 años, que vive sola y dice no querer casarse si no es por amor; vive bien como está y no necesita ningún hombre por el momento. A pesar de este envoltorio liberal, la religión la condena: viste velo porque en algún versículo del Corán se dice que la mujer es un “pecado andante”, y por lo tanto no debe esconderse de los hombres. Además, todo el que no crea en su religión está equivocado. Eso si eres de religión monoteísta… si eres de una politeísta, eres directamente un loco (a mí por supuesto ni se me pasó por la cabeza decir que yo no creía en Dios (tuve esa genial idea en Túnez y estuve todo el mes arrepintiéndome de mis palabras). Fue muy interesante hablar con ella.
Al llegar a Tanger, tomamos dos taxis de la estación de tren a la estación de autobuses, donde descubrimos que ya no quedaban autobuses para Chaouen. Ana dijo que llamaría a su madre, para ver si al menos podíamos hacer noche en Tetouan. No hubo problema, así que tomamos el siguiente (y último) a Tetouan. Al meter las mochilas en el bus, nos quisieron cobrar por ello, pero llevábamos un día tan largo de infratren y tanto trato desagradable en las taquillas, que saltamos como resortes enfadadísimos, y a estos individuos no les quedó otra que no cobrarnos… menudo mosqueo nos cogimos!
Llegamos a Tetouan, donde un hombre nos ofrecía llevarnos a Chaouen, pero carísimo. Decía ser conductor de autobús, y su lema,… atención: “si no bebes, no conduzcas”… nos lo decía con una botella de Fanta llena de vodka en mano.
Así que nos fuimos a casa. Compramos unos bocadillos y algo de beber. Lo devoramos y nos fuimos a dormir, con Chaouen en mente para la mañana siguiente.
Foto: Mamachi preparando el desayuno