Ferrocarril y amistad

Publié le par Curro Zuloaga

Eurostar London – Bruxelles, 10 de octubre de 2007
 
No sé ni por dónde empezar. Lo último que os escribía era desde Bruxelles, contando batallitas de Canada y sus amables habitantes. Lo que no contaba es por qué estaba en Bruxelles. Pues bien, resulta que me habían seleccionado para una entrevista para trabajar en desarrollo sostenible en la citada ciudad, lo cual a mí me parecía poco menos que el trabajo ideal: en Bruxelles para aprender francés, trabajando en inglés con gente de todos los países de Europa, y en algo a lo que quiero dedicar mi futuro. Total, que me planté en la entrevista, en el mismísimo centro de Bruselas, y me sale… pues como lo diría, de puta madre. Me voy contento de allí, tan contento que dejo parte de mis trastos en Bruxelles y me vuelvo a España, a la espera de que me den el trabajo y empezar un mes más tarde.
 
A mi vuelta (17 de septiembre, día arriba, día abajo) paro en Paris, a donde llegué en tren (Thalys), a ver a viejos y nuevos amigos durante un par de días. Me sacan de fiesta, de paseo por el centro, de cafés y crepéries, y conozco dónde viven, que aunque parezca una tontería, a mi es algo que me hace mucha ilusión conocer de mis amigos. 

De París a Madrid, también en tren (Francisco de Goya). Al llegar a Madrid, días de amigos y familia, la mayoría de los cuales no veía desde Navidades. Total, que para empezar me marco un Festiparra V, todo un clásico con viejos amigos de la Uni… muy divertido, como siempre.
 
Luego un par de días de Madrid con mi amiga Anita que estaba de pasada por Madrid camino de Perú para un voluntariado. De allí bajada a Ciudad Real en Avant , a ver a mi buen amigo Paco en la tierra de Don Quijote. Allí estuve sólo una noche antes de tirar hacia Sevilla (Altaria), dónde me esperaban mi parre y mi marrastra, que aunque el nombre suene muy mal, también la quiero mucho. En Sevilla estuve tres días de comida en abundancia y dormir hasta tarde, lo cual mi cuerpo me lo agradeció bastante. Allí ví a Carmen, amiga desde que tenía 13 años, con la que recuerdo tener conversaciones en las que nos prometíamos que a los 30 (qué lejos quedaba aquello!!) seguiríamos viéndonos y siendo amigos… ya no cabe duda de que así será ;) DSCF0423.JPG
 
Después me fui a Cádiz (Chiclana, más bien), a ver a Sepi y Luismi (Renfe media distancia), amigos del instituto, con los que pasé un fin de semana de charla, playa, barbacoa, musiquita y cartas… nada mal, no? También esos días ví a mi querida abuelita y a mis padrinos, que siempre me cuidan de maravilla.
 
Y poco más; a deshacer el camino, porque resulta que entre tanto me habían llamado de Bruxelles para decirme que el trabajo era mío y que empezaba el día 8 en Bruxelles y que el día 9 me mandaban a London a una reunión, que es por lo que escribo desde el tren, pero como ya os imagináis… esa es otra historia y será contada en otro momento. Pues lo dicho, deshago el camino: paso por Sevilla (veo a Fre, alias parre), paso por Ciudad Real (veo a Paco, alias Capi), y paso por Madrid, donde veo a los del Festiparra de nuevo, y me reencuentro con otros (Noe, Angelita y Marieta, entre otros), a los que hacía mucho tiempo que no veía.
 
Refelexión: tu familia y tus amigos son lo más importante que uno tiene: como se suele decir, ¿de qué valen las cosas que haces o tienes si no puedes compartirlas con los tuyos? Y de ahí tanto esfuerzo y tantos kilómetros por verlos... no siempre se puede ver a todos los que uno quiere, pero está claro que se intenta.
 
Y hablando de kilómetros, no sé si habréis reparado en la continua referencia ferroviaria a lo largo del artículo. No sé si es algo que sepáis o siquiera os interese, pero me siento obligado a informaros de lo siguiente: el ferrocarril consume bastante menos energía que el avión por pasajero-kilómetro, que es en lo que se miden estas cosas. Mas aún, esta energía viene de fuentes variadas, no sólo de quemar combustibles fósiles, así que las emisiones de CO2 por pasajero-kilómetro son menores. Por si eso no os convenciera, el tren os lleva de centro a centro de las ciudades, os permite llevar más kilos de equipaje, y la variabilidad de precios es bastante menor, aparte de no haber intermediarios ni sospechosas tasas de aeropuerto. Más aún, conozco a unos cuantos que, si todo va bien, van a vivir del mundo ferroviario, así que si les días de comer, pues yo me quedo más tranquilo.

Bisous,
 
                                                                                       -curro-
 
Foto: (de Sepi) unas doradas buenísimas que él mismo preparó
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Publié dans Pequeños viajes

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