Cojones
Para empezar con los “artículos selectos”, os propongo un pequeño ensayo en clave de humor acerca de la archiconocida palabra castellana “cojones”. Cayó en mis manos a la tierna edad de 12 años, cuando probablemente todavía no podía apreciar su verdadero valor. Ahora lo retomo de la web, y os lo dejo para vuestra lectura y disfrute. Pido disculpas al autor por las posibles transformaciones sufridas al pasar por numerosas manos. El autor, por cierto, parece ser Arturo Pérez-Reverte.
La riqueza del lenguaje castellano Un ejemplo de la riqueza del lenguaje castellano es el número de acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada, que hace referencia a los atributos masculinos, "cojones". Si va acompañada de un numeral, tiene significados distintos, según el número utilizado. Así, "uno" significa caro o costoso (valía un cojón); "dos" significa valentía (tiene dos cojones); "tres" significa desprecio (me importa tres cojones); y un número muy grande y par significa dificultad (lograrlo me costó mil pares de cojones). El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así, el tiempo presente indica molestia o hastío (me toca los cojones), el reflexivo significa vagancia (se tocaba los cojones), pero el imperativo significa sorpresa (¡tócate los cojones!).
El verbo cambia el significado. Tener indica valentía (aquella persona tiene cojones), aunque en admiración puede significar sorpresa (¡tiene cojones!). Poner expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares (puso los cojones encima de la mesa). También se los utiliza para apostar (me corto los cojones), o para amenazar (te corto los cojones).
Los prefijos y sufijos modulan su significado; "a-" expresa miedo (acojonado), "des-" significa cansancio (descojonado), "-udo" indica perfección (cojonudo), pero "-azo" se refiere a la indolencia o abulia.
Las preposiciones matizan la expresión: "de" significa éxito (me salió de cojones) o cantidad (hacia un frío de cojones); "por" expresa voluntariedad (lo haré por cojones); "hasta" expresa el límite del aguante (estoy hasta los cojones), pero "con" indica el valor (era un hombre con cojones) y "sin" la cobardía (era un hombre sin cojones).
Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El color violeta expresa el frío (se me quedaron los cojones morados). La forma, el cansancio (tenia los cojones cuadrados), pero el desgaste implica experiencia (tenia los cojones pelados de tanto repetirlo). Es importante el tamaño y la posición (tiene dos cojones grandes y bien plantados); sin embargo hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica torpeza o vagancia (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).
La interjección ¡cojones! significa sorpresa, y cuando uno se halla perplejo los solicita (¡manda cojones!).
En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen lar ordenes (me sale de los cojones).
En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas con mayor número de acepciones.
Arturo Pérez-Reverte