Tetouan
Tetouan, Marruecos, 27 de julio de 2006
Como los demás habían llegado a Tetouan un día antes, ya habían visitado la ciudad y por lo tanto decidieron irse a Martil, la playa más cercana, que se encuentra a unos 10 km de la ciudad. Cris y yo decidimos visitar la medina, la parte antigua de la ciudad, que se encuentra, como en casi todas las ciudades árabes, dentro de las murallas.
Salimos de casa a las 10, y desayunamos raifs (crepes) con miel y té a la menta en una cafetería cercana a casa de Ana, en la parte nueva de la ciudad. Aún estábamos todos juntos. A las 11 o así nos separamos (las 11 en Marruecos son las 13 en España, con casi la misma longitud geográfica, así que os podéis imaginar el calor), y Cris y yo nos fuimos bordeando la muralla por la parte moderna hasta el museo etnográfico: algunos mosaicos y restos arqueológicos de los antiguos asentamientos romanos de Lixus (actual Larache) y Volúbilis (cerca del actual Mequinez). Muy pequeñito… y fresco en el interior.
Desde ahí fuimos al zoco (mercado), donde paseamos entre frutas, verduras, aves, carnes… todo junto y en unas condiciones de higiene cuando menos inusuales para un europeo. Atravesamos el zoco, donde no nos intentaron vender nada (se ve que no es un sitio de turistas)… y decidimos sentarnos a tomar algo a la sombra: té a la menta (me encanta) en una terraza a la sombra donde la temperatura era aceptable.
Después de esto pensamos en comer, pero decidimos ir a visitar la medina antes de ello. Entramos por Bab er-Rouah (Bab significa puerta… nada que ver con Alí Babá, pues babá es la forma cariñosa de decir papá en bereber). Esta puerta está junto a la plaza Hassan II y el palacio del rey en Tetouan (tiene varios repartidos por Marruecos, claro). Por cierto, el actual rey es Mohammed VI, hijo de Hassan II, hijo de Mohammed V… así, supuestamente, hasta el profeta Mahoma, hace 14 siglos.
Justo antes de entrar, un individuo bastante simpático se nos acercó y nos estuvo hablando de fútbol, de amigos españoles, etc. Se ofreció a guiarnos por la medina, sin pedir nada a cambio, pero nosotros, desconfiados ante la novedad, le dijimos que no. Aún así nos guió y nos fue enseñando algunos sitios interesantes que probablemente no habríamos encontrado por nosotros mismos. La medina estaba casi vacía (ellos son más listos que nosotros y a las horas de calor no salen), así que fue agradable pasear. Al salir, Youssef, que así se llamaba nuestro amigo, parecía tener la intención de comer con nosotros, siendo invitado, me imagino. Le dije que la señorita y yo queríamos comer a solas, y quedamos en que lo veríamos después de comer, en el mismo sitio.
Aunque el hombre era agradable, no volvimos. En su lugar, fuimos a dormir una pequeña siesta, y luego a dar una vuelta por un paseo en la parte nueva de la ciudad que da directamente a las montañas (las estribaciones del Rif, montañas no muy altas pero interesantes, como comprobaríamos más adelante en el viaje). Hicimos fotos del atardecer, nos tomamos otro té a la menta, en un café en el que había unos chicos marroquís cantando canciones de Melendi y M-Clan… ¿?, y volvimos a casa. Los demás estaban ya allí, igual de cansados que nosotros.
Nos duchamos, conseguimos un poco de whisky (chivas… gracias Luque, jejejeje), probamos el kífir marroquí (sólo por inmersión cultural, nada más…). Caímos rendidos, además sabiendo que a la mañana siguiente nos levantábamos muy, muy temprano.
Foto: ¿juego de niños?