Sevilla - Tetouan
Tetouan, Marruecos, 26 de julio de 2006
Cris y yo nos levantamos no muy temprano, en Sevilla. Teníamos la intención de coger un autobús con dirección a Algeciras a las 11:30. Era todo un poco ajustado de tiempo, pero decidimos intentarlo. Recoger, ducha, desayuno rápido y a correr a la estación de Prado de San Sebastián. Corriendo, corriendo… cogimos el autobús, sin haber sacado billete ni nada. El conductor se apiadó de nosotros y nos hizo un billete improvisado ya en marcha. Vaya manera de empezar el viaje!
Nuestra idea era: autobús a Algeciras, ferry a Ceuta, cruzar la frontera y coger un taxi a Tetouan, donde nos uniríamos a Ana Rodríguez y sus compis de Córdoba, a los cuales ni Cris ni yo conocíamos. A Ana Rodríguez, amiga de mi otra amiga Ana, de Chiclana, la conozco desde hace un par de años, de un viaje en autobús a Madrid, donde también conocí a Fre, su novio. Desde entonces, nos habíamos visto algunas veces, no muchas, y siempre a través de Ana (Anita).
En fin, que el viaje estaba en marcha. Llegamos a Algeciras, donde el bus nos dejó, contra pronóstico, en el mismo puerto marítimo. Fuimos a comer (chawarma, para ir acostumbrándonos), volvimos al puerto y compramos billetes de ida y vuelta a Ceuta… cincuenta y muchos euros. El viaje bien, aunque con un poco de calima que no nos permitió ver bien Gibraltar. El trayecto dura menos de una hora.
Ya en Ceuta, y aprovechando que todavía era España y no íbamos muy mal de tiempo, paramos a comprar una guía de viajes, algunos medicamentos, sacar y cambiar dinero... en fin, los últimos preparativos que no habíamos podido hacer en Sevilla con las prisas. Cogimos el autobús número 7 hasta la frontera. Es curioso ver como todo se vuelve mucho más marroquí (es un eufemismo para decir sucio y poco cuidado) a medida que te acercas a la frontera.
En la frontera, primera experiencia con el tipo de individuos que nos íbamos a encontrar durante todo el viaje. No quiero malentendidos: tras un mes y medio trabajando en Túnez y estos ocho días en Marruecos, puedo decir a ciencia cierta que los árabes son amables, acogedores, simpáticos y abiertos. Pero existe un cierto tipo de especimenes que viven del turista a los que no les tengo el más mínimo apego, y que desgraciadamente es con los que más trato se tiene cuando se viaja. Bueno, que en la frontera había uno de estos que nos cobró por rellenar un papel que bien podíamos haber completado nosotros… pero bueno, ya vimos de que va esto.
Así que nada más cruzar, me dije a mí mismo: en el taxi no me la juegan… así que cuando nos dijo que 100 dirhams (algo menos de 10 euros) por el trayecto de 40km, le respondí que 80. Luego me enteré de que este precio era fijo, de las pocas cosas no negociables en Marruecos. El trayecto lo hicimos con el conductor y otro individuo que hablaba español casi mejor que nosotros. Nos estuvo contando cómo muchas palabras españolas provenían del árabe:
Vejer (pueblo de la provincia de Cádiz)= estoy bien
Guadalquivir = río grande
Guadiana = nuestro río
Almodóvar = el ganador (qué apropiado)
… y algunas más que no recuerdo.
Al llegar a Tetouan, Ana y los otros no estaban en casa de Ana, dónde nos íbamos a quedar unos días. Ana conoce Tetouan, y tiene casa allí porque estuvo viviendo allí durante 6 años cuando era más pequeña, antes de empezar el instituto. Así que esperamos un rato y luego fuimos a cenar para hacer tiempo. A la vuelta ya estaban allí.
Aparte de Ana, estaban: Antonio, Domingo y Chuví, compañeros de Ana de la facultad (físicos cordobeses); Pistón, casi-historiador también de Córdoba; y Lucía, veterinaria almeriense que también estudia en Córdoba. Estuvimos charlando y bebiendo un rato, subimos a la azotea y nos fuimos a dormir, todos en colchones y esterillas en el salón de casa de Ana. Cris y yo dormimos de maravilla porque estaba cansadísimos… los demás parece ser que no tanto ;)
Besslama!