Mequinez

Publié le par Curro Zuloaga

Mequinez, Marruecos, 29 de julio de 2006

    Descansamos bien, en las alfombras no se dormía nada mal. Desayunamos en casa, de nuevo espectacular, algo a lo que ya nos empezaban a tener (mal)acostumbrados las mujeres de la casa, Mamachi y Bouchra. Ofrecíamos nuestra ayuda una y otra vez, pero no se dejaban. Más aún, los hombres (Hamani y Bouazza), desayunaban con nosotros, mientras las mujeres se quedaban en la cocina. Parece bastante establecido y, aunque las invitamos a unirse, no parecía lo normal y tampoco quisimos insistir demasiado.

    Tras el desayuno, nos despedimos de las niñas, Safae y Doha, y de su madre, Bouchra. Se habían portado magníficamente con nosotros, y nos daba pena despedirnos. Es increíble el cariño que les tomamos en una tarde y una mañana con ellas, ahora que lo escribo parece que fueron días con ellas. Nos hicimos algunas fotos todos juntos, y nos fuimos camino a la estación de tren. Conseguimos que los taxis nos llevasen por un buen precio, nuestras dotes negociadoras mejoraban sustancialmente con el paso de los días.

    Después de las despedidas, fuimos de nuevo a la medina, la parte antigua de la ciudad, dentro de las murallas. Hasta allí nos acompañó gentilmente Bouazza. La medina tiene varios zocos, como gremios donde se agrupan los artesanos y comerciantes que tienen un producto en común (zoco de las telas, o zoco de las pieles, o de la ropa para hombre o mujer, etc.). Pero no sólo hay comercios en la medina; también hay multitud de viviendas, en esas calles estrechas, por las que a veces ni siquiera entra el sol en todo el día, dependiendo de su orientación. Tomamos un té en la medina, sólo para descansar un poco, pues el calor era sofocante.

    Tanto que habíamos decidido ir a la piscina. Pero antes de ello, paramos a comer en un pequeño restaurante que nos cogía de camino. Pedimos multitud de platos distintos, algunos verdaderamente picantes (alguien se acuerda del nombre de la sopa?… Ana quizás?). En total, doscientos y pocos dirhams, unos dos euros y medio por persona por una comida considerablemente copiosa.

    Partimos con destino a la piscina. Como bien nos había advertido Bouazza, el precio era de 40 dirhams por persona. Como solo quedaba hora y media para el cierre, negociamos y conseguimos pagar 200 por los ocho (25 por persona, ya veis quecasi todo es negociable en Marruecos). El agua de la piscina estaba inexplicablemente helada, pues le daba el sol toda la jornada. Eso nos vino bien, en cualquier caso.

    De vuelta a casa, decidimos pasar por la medina a comprar unos relojes de Barbie que habíamos visto… no para nosotros, sino para las pequeñas de la casa, a las que les habíamos cogido mucho cariño, y se iban de vacaciones al día siguiente. El dueño de este puesto, a pesar de mucho insistir, nos decía que los precios en su tienda no eran negociables, lo cual parecía ser cierto por su actitud con el resto de clientes. Así que pagamos religiosamente.

    El taxi de vuelta a casa nos dejaba en una plaza a unos 500 m del hogar, donde Hamani nos estaba esperando (sin haberle dicho nada, cuánto tiempo llevaría allí? Cenamos en casa Mamachi (tres pollos con cous-cous, riquísimo de nuevo), y nos fuimos al piso de arriba a relajarnos.

    Ana estuvo enseñando a Cris a bailar danza oriental (muy sugerente, por cierto). También intentamos jugar a crear una historia entre todos, aportando una pequeña frase cada uno, pero las neuronas no parecían muy inspiradas. Al final jugamos a los personajes: se le asigna uno a cada participante, sin saber éste cual es; se trata de, haciendo preguntas de respuesta “sí” o “no”, adivinar quién eres… por ejemplo, ¿soy hombre? ¿soy negro?... Michael Jackson era uno de los personajes, así que hubo polémica con esta última. Otros personajes fueron: Popeye, la Abeja Maya, Einstein, Bart Simpson, Julián Muñoz, Sabrina y Bush… Chuví nos daba pistas interpretando, con la sola ayuda de un bolígrafo y sus dientes, las bandas sonoras que correspondían a cada personaje. Con un poco de chivas en la sangre, nos fuimos a dormir hasta el día siguiente.

Foto: caminando por las afueras de Mequinez

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