Tetouan - Chaouen
Chefchaouen, Marruecos, 1 de agosto de 2006
Nos levantamos a las 9:00, más o menos, ya que los padres de Ana (que ahora viven en Ceuta), venían hoy a Tetouan. Cuando llegaron, ya habíamos recogido prácticamente todo. Acabamos de ducharnos, asearnos, etc., y nos fuimos a desayunar con ellos. Nos invitaron a un batido de almendras frío, y unos dulces triangulares rellenos de queso que estaban muy ricos. En las pastelerías, las abejas revolotean por decenas en torno a los dulces. Esto, según ellos, muestra lo buenos que sus productos son. Las abejas están tan centradas en lo suyo que no se molestan en picar a las personas.
Después del desayuno, fuimos a la estación de autobuses. Cogimos billetes para el siguiente a Chaouen. De nuevo quisieron cobrarnos por meter las mochilas en el bus, y de nuevo nos enfadamos porque intentasen timarnos… tanto que llamamos a la policía. Para cuando la policía bajó, ya se había resuelto el problema, pues se habían dado cuenta de que lo de la policía no era un farol.
El autobús iba hasta arriba, tanto que nos tocó ir de pie. En los 10 minutos antes de que el autobús se pusiera en marcha, llegamos a temperaturas que sólo había experimentado antes en una sauna… sudé por partes de mi cuerpo que ni siquiera sabía que existían. El trayecto surrealista, de pie sudando en un autobús viejo que chirriaba en cada curva (la carretera era de montaña, Chaouen está en plenas montañas del Rif).
Al llegar a Chaouen, anduvimos hasta un hostal que Antonio conocía. Por el camino, nos pararon en repetidas ocasiones para ofrecernos hostal, comida, etc. Si decías que no, pasaban al plan B… todo el mundo tenía hachís que ofrecer. Algunos nos decína… “¿españoles? Disfrutad en Chaouen con el kif… venís contentos, os vais muuuuy contentos”
Llegamos al hostal, que era limpio, bonito, agradable y con una azotea impresionante. Nos encantó. Decidimos salir a comer, pues ya eran casi las cinco de la tarde. El restaurante, uno que conocía Ana, “La Lampe Magique”. El sitio está entero pintado de un azul casi brillante, con ventanas, puertas, cortinas, etc. Al más puro estilo árabe. Era un poco más caro que otros sitios, pero decidimos que, como despedida, merecía la pena. Tras la comida, nos quedamos a dormir una pequeña siesta en los sofás.
Después fuimos a un pequeño riachuelo que bajaba de las montañas, con el agua tan helada que dolían los pies. Volvimos al hostal a echar una pequeña siesta, y a charlar un rato en la azotea, también con sofás y una vista muy bonita de Chaouen. Por cierto, Chaouen significa “las cumbres”, y Chefchaouen, nombre moderno, “mira las cumbres”, muy explicativo de la ciudad.
Para cenar nos quedamos en la plaza principal, donde nos asediaron los responsables de unos y otros restaurantes. Haciéndoles ver que nos vendíamos al mejor postor, conseguimos un buen precio por los menús (ya os dije que casi todo es negociable en Marruecos).
Después de cenar, queríamos salir, pero el encargado del hostal no nos dejaba volver más allá de la 1:30, así que volvimos pronto. Nos quedamos en la terraza, charlando. Había un grupo de portugueses con el que intentamos entablar conversación, un poco en inglés, un poco en portuñol. Desafortunadamente, la gente viene a Chaouen principalmente a fumar, así que las neuronas no andaban muy despiertas y la comunicación fue imposible.
Foto: de izquierda a derecha: Domingo, Lucía, yo, Ana y Antonio, en "La Lampe Magique"