Chaouen
Chefchaouen, Marruecos, 2 de agosto de 2006
La mayor parte del grupo tenía decidido marcharse hoy, temprano pues había que llegar hasta Cádiz, Córdoba o Almería, dependiendo de cada uno. El viaje se había alargado incluso más de lo previsto, lo cual era un buen síntoma. Cris y yo nos quedamos un día más, se estaba demasiado bien allí como para desaprovecharlo.
Nos levantamos a las 8, para desayunar y despedirnos. Había sido genial viajar con todos ellos, personas a las que, a excepción de ana, ni siquiera conocía una semana atrás. Simpatiquísimos, graciosos, y desde luego muy fácil viajar con ellos, nada de poner pegas a las cosas… rara vez te organizas tan bien cuando el grupo es así de numeroso.
Después de la despedida, Cris y yo nos volvimos a dormir, hasta las cuatro de la tarde… se notaba lo intensos que habían sido los días anteriores! Al levantarnos, fuimos a tomar algo en la plaza del pueblo… no se sabe muy bien si desayuno, comida o merienda. Después, entramos en la kasba (el fuerte), también en la plaza principal de Chaouen. El sitio estaba limpio y muy bien cuidado, algo no del todo normal en los sitios históricos en el resto del país. Aparentemente, Chaouen tiene importantes ayudas para la conservación del patrimonio, tanto del gobierno marroquí como de algunos organismos españoles. En el interior de la kasba, hay un museo arqueológico, cuyo mayor interés es el bonito edificio en que se sitúa.
Ya era prácticamente la hora de anochecer, y yo tenía antojo de subir a una pequeña montaña donde había una vieja mezquita abandonada (nunca llegó a usarse, pues la construyeron los españoles durante el protectorado, y los marroquíes se negaron a usarla), a ver la puesta de sol. Llegamos justo a tiempo, y allí había ya varias decenas de personas que habían tenido la misma original idea que yo. La puesta fue bonita, con el pueblo justo abajo y las montañas del Rif al fondo.
Después de esto, dimos una pequeña vuelta por la ciudad. Conocimos a algunos comerciantes: uno me dijo que yo parecía ”más moro que él”, en lo cual no deja de tener razón, y halagó apropiadamente a Cris. Otro comerciante (cuyo comercio se llama la cueva de Alí Babá) me ofreció cambiarme mi camiseta por un camello… me quedé sorprendido, y cuando estaba a punto de aceptar el trato me dijo que claro, el camello sería de plástico… Su amigo era pintor, y tras presentarse como “el Picasso bereber”, nos ofreció hacer trueque por algunas obras de arte, ya que no nos quedaba mucho dinero. Me sorprendió este hecho, pero me gustó la idea de pensar que o todo se compra con dinero.
Tras todo esto, encontramos un sitio para cenar. La comida nos salió por más de lo que esperábamos (13 euros entre los dos, una barbaridad para Marruecos), pero lo cierto es que el tajine de pollo con verduras y almendras mereció la pena. Así que tuvimos que cambiar un poco más de dinero, para asegurarnos de poder llegar hasta Ceuta sin problemas de dinero al día siguiente.
Después de la cena, y con el estómago llenísimo, nos fuimos a dormir, lo cual no nos costó a pesar de todo lo que habíamos descansado la noche anterior.
Foto: atardecer en Chaouen