Tetouan - Sevilla
Sevilla, España, 3 de agosto de 2006
El viaje se acercaba a su término. Hoy era un simplemente un “día de transporte”. No teníamos intención de visitar nada, simplemente de llegar a Sevilla hoy. Esto no era especialmente complicado, pero tampoco nos podíamos entretener demasiado, y más teniendo en cuenta los imprevistos de la red de transportes marroquí.. y el cambio de hora (+2 en España).
Así que a las 8:30 nos pusimos en pie. Buen desayuno en el hostal, y a la estación de autobús. Había un autobús que salía destino Tetouan muy pronto, así que parecía que empezaba bien la cosa… al menos en cuanto a horarios, porque el autobús era la definición en toda regla de lo que habíamos llamado “infrabús”: lleno hasta arriba, viejo y con un “regalito” de vómito justo al lado de nuestros dos asientos. “Podría ser peor” --nos dijimos-, “en la India van con sus animales en el autobús”. Pues bien, a mitad de camino, escuchamos algo parecido al cacareo de una gallina, pero la verdad es que no le echamos mucha cuenta. A la segunda, nos miramos entre nosotros, miramos a la señora de detrás, y de su bolsa salía la cabeza de una gallina que nos miraba atentamente… ya teníamos todos los elementos del perfecto infrabús…
Al llegar a Tetouan, nos intentaron timar (por enésima vez). Un individuo nos ofreció buscarnos un taxi compartido para ir a Ceuta, por 30 dirhams cada uno. El precio estaba muy bien, así que dijimos que sí. Nos metió en el taxi sólo a nosotros dos, y nos dijo que lo que podíamos hacer para “aligerar” el proceso, era pagar los 180 dirhams (sí, meten a 6 pasajeros en un taxi!!) nosotros, y luego el resto de los pasajeros nos irían pagando cuando se montasen. Nos negamos, primero porque ya se le veía venir, y segundo porque sólo nos sobraban 75 dirhams, los cuáles le dimos a este tipo.
Nos llevaron a la frontera con Ceuta (aunque nos habían prometido cruzar la frontera), pero ni discutimos pues el trayecto ya había sido un poco tenso: el conductor nos enseñaba 25 de los dirhams que le habíamos pagado, como si el billete de 50 que les habíamos dado antes no existiera. Le dijimos que dejase de intentar timarnos, que ya sabíamos de qué iba todo aquello.
Cruzamos la frontera a pie, saludamos a nuestros sonrientes policías nacionales, y pusimos rumbo al puerto. Ya teníamos el billete de ferry, así que fue llegar y montarnos, prácticamente sin esperar. El trayecto tranquilo, y al llegar a Algeciras, primera comida occidental: bocadillos de chorizo y salchichón… no me había puesto malo en 8 días, y el bocadillo me destrozó el estómago.
El billete de autobús Algeciras-Sevilla también lo teníamos ya comprado, así que sólo nos quedaba esperar a que llegase. El autobús nos pareció un lujo comparado con los que habíamos estado viendo la semana pasada. Dos horas de viaje, y ya en Sevilla. Acompañé a Cris a coger su autobús, pues vive en Mairena, no en la propia Sevilla.
Viajar con Cris había sido maravilloso. Nos conocíamos hacía sólo tres semanas y había ido todo sobre ruedas. Gracias, Cris.
Yo me fui andando a casa. Me encantan esos momentos en los que el viaje acaba de terminar, y simplemente paseas por la ciudad, ya de vuelta, asimilando todo lo que has vivido. Me gusta viajar, me gusta irme… y me gusta volver.
Foto: autobús de vuelta, descansando del viaje