Las navidades en prosa
Toronto, 17 de enero de 2006
Éste es el complemento a "Las navidades en cifras". El otro artículo es un complemento a éste pero, sobre todo, éste es un complemento imprescindible al primero, pues los números sin sentido, sin sentimientos, no son nada. Ayer, por ejemplo, vi por tercera vez (si, soy un friki) la película de Al Gore, "An Inconvenient Truth" , una película increíble que hará por fin abrir los ojos a millones de personas. Pues bien, la película rebosa de datos y evidencias acerca del cambio climático... a dónde quiero llegar es, esos datos, sin sentimientos, sin nuestros sentimientos de miedo, rabia, etc. no son nada. Esos sentimientos es lo que debe quedar después de la película, y no los datos en sí, y estos sentimientos nos llevarán a cambiar las cosas a mejor. Dicho ésto, os explico lo que las navidades han causado en mi interior:
Un sentimiento que me ha acompañado durante todas las navidades ha sido, cómo podéis imaginar, cansancio. Dormir tan pocas horas, y en tan dispares e incómodos sitios no es lo mejor para el cuerpo humano, de esto estoy ahora más convencido que nunca. Aunque hay momentos en los que realmente estás cansado, te dices... "bueno, ya descansaré cuando vuelva, ahora tengo que aprovechar el poco tiempo que tengo para ver a mi gente". Y lo cierto es que he visto a una buena parte de ell@s. Mi familia, por supuesto, los primeros: todos tan bien cómo siempre, cada uno con sus historias. Mi familia extendida (primos, tíos, abuela, etc.) también está muy bien: todos los primos con muchos proyectos en mente, me gustó escucharlos.
Después de la familia, empecé a ver amigos, algunos de ellos hacía años que no los veía... Mis amigos estas navidades me han proporcionado una gran parte de la felicidad con la que vuelvo a Toronto... me explico: en cierto modo, siempre sabes que tu familia va a estar siempre contigo (te quiero, papi). Muchos de los amigos, sin embargo, cambian a lo largo de nuestro recorrido por la vida. Pues bien, este año, he tenido una revelación: mis amigos de ahora ya son los de siempre, los que seguiré viendo por muchos, muchos años, porque los aprecio y porque me encuentro muy a gusto con ellos, y porque noto que es recíproco. He notado la importancia de todas las vivencias que he compartido con ellos, y he notado como los que mejor me conocen son los que más me aprecian, al igual que yo a ellos. Me he sentido querido y arropado, y aún si sólo he podido compartir algunas horas con muchos de ellos, ha sido suficiente para volverme a Toronto sin miedo a perder a nadie que realmente me importa.
Han sido unas navidades de reencuentros, a cual más importante para mi. Y la sensación general que me llevo es que nada ha cambiado, por lo menos en cuanto a las relaciones personales... sí, somos más viejos, más ricos (o más pobres, jeje), más gordos o flacos... pero seguimos siendo aquellos que un día encontramos. Ha habido incluso gente a la que no he podido ver. Sé que me entienden y que la próxima vez será, porque seguro que habrá una próxima vez...
No quiero dejar de mencionar España: una, grande y libre (joder que se me ponen los pelos de punta, no debería hacer estas bromas). Más en serio, hay muchas cosas de mi país que no me gustan: se sigue fumando en todas partes; los políticos (de ambos lados) se empeñan en pelearse en lugar de solucionar los problemas de los que les pagamos; la información más demandada sigue siendo la puta prensa rosa, etc. Por encima de todo eso, sin embargo, está el carácter de los españoles: no sabéis lo que alegra volver de Canadá y dar besos y abrazos por doquier... hablar con alguien y que esa persona te agarre por el brazo o te toque como parte natural de la conversación... somos mucho más cálidos y acogedores que muchas otras culturas, y eso me encanta de mi país. Además, es totalmente cierto que los amigos de mis amigos son mis amigos, y si alguien que acabas de conocer te cae bien, pues lo puedes invitar a salir contigo al día siguiente y no es algo raro. Además, las calles están llenas de gente a cualquier hora y la fiesta se alarga prácticamente hasta cuando tú decides.. me encanta nuestro carácter y entiendo perfectamente por qué a los guiris también.
Concluiré diciendo, como ya he hecho alguna vez, que una de las cosas más bonitas de viajar, de irse de un sitio es, paradójicamente, volver.
Gracias a todos,
-curro-