Artosilla
Bruxelles, 17 de agosto de 2008
Tras el típico periplo que os comentaba en el artículo anterior, había ya planeado tomarme unos días para asistir a una "Semana de Experiencia y Vida Comunitaria" en Artosilla, provincia de Huesca, organizada por la asociación ecologista Selba entre el 28 de julio y el 3 de agosto. Mi amigo Luismi, con el que siempre he compartido el interés por una vida sencilla y ecológicamente coherente, me había hablado de ello, y no dudé en lanzarme a ver de qué se trataba todo esto que Selba proponía. Luismi, que no estaba seguro de poder asistir, al final pudo; y mi hermana, ni corta ni perezosa, también se unió, con idea de rememorar sus experiencias comunitarias en Sudamérica (o América, que parece mentira que una pequeña parte como son los E.E.U.U. se haya adueñado del nombre del continente... en fin, esa es otra historia, ya sabéis).
Aunque no sabíamos muy bien qué ibamos a encontrarnos, llevábamos las palabras ecología, compartir y disfrutar bien presentes en la trastienda del cerebro. Y las expectativas muy altas, aunque intentásemos decirnos a nosotros mismos: "no esperes demasiado de nada, te vas a decepcionar". Artosilla resultó no decepcionar a ninguno de los que allí fuimos. Pueblo de unos 10-12 habitantes a día de hoy, fue abandonado en la década de los 50 y empezó a repoblarse a finales de los 80. Sus habitantes, hoy y ayer, mantienen ciertas diferencias en cuanto a "qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos", pero existen una serie de premisas aceptadas por todos: la propiedad privada no existe (todos saben quién ha recuperado qué casa y eso los convierte "de facto" en sus habitantes); las decisiones se toman en pleno por todos los habitantes del pueblo en sesiones mensuales; Artosilla es una ecoaldea (o al menos un proyecto de ecoaldea, pues el impacto al medio ambiente es algo que siempre puede reducirse).
Y cuando hablamos de ecologismo en Artosilla, hay nombres propios: Ulises, Nuria y Francina, que han creado una "comunidad dentro de la comunidad" que se caracteriza por el ecologismo y la vida en grupo: comparten comidas, sentimientos y trabajo en la comunidad (donde siempre hay mucho a hacer), todo ello guiado por principios ecológicos de reducción del uso innecesario de recursos y de la contaminación del medio que los rodea. Ellos organizaron esta "Semana de Experiencia", y tod@s l@s que asistimos les agradecemos que lo hicieran.
Durante esta semana, unas 15-20 personas compartimos todo nuestro tiempo en trabajar por cosas comunes. Ayudamos en el pueblo: a limpiar, a construir, a organizar eventos (las primeras fiestas de Artosilla desde su repoblación ocurrieron este año, con nuestra colaboración). Visto desde fuera, obteníamos comida y cobijo a cambio de trabajar (esclavismo, que decía mi hermano en tono de medio broma). Visto desde dentro, compartimos muchísimo más, y mi impresión es que el alimento más grande no eran ni la comida ni la cama (que también se agradecían) que se nos proporcionaba, sino el respeto y el cariño que nos dábamos unos a otros. Yo siempre digo que cuando estás feliz no necesitas ni comer ni dormir tanto, sólo quieres estar ahí y empaparte de lo que estás viviendo. El resto es secundario.
En una semana creamos un espíritu de grupo que muchas veces no se consigue ni con años de amistad. Jugar juntos, trabajar juntos, escucharse, tocarse... te hace compartir "a otro nivel" del que estamos acostumbrados. Y eso se nota. La prueba más clara estuvo en la fiesta que antes he mencionado: disfrutamos, bailamos, jugamos en grupo como cuando éramos unos enanos; podría haber parecido que estábamos borrachísimos, pero no era más que felicidad. Bailabas con unos y con otros, animando a los demás mientras ellos te animaban a tí, con una sonrisa en la cara que era imposible de borrar. Inolvidable.
Como veis para mí ha sido una experiencia inolvidable que me hace tener cada vez más claro que el tipo de vida que la mayoría de nosotros llevamos (incluído yo) no es el que más me satisface. Y que, por lo tanto, poco a poco iré tomando posiciones para apartarme de ello y tener tiempo para disfrutar, trabajar en mis propios proyectos.... y sobre todo, compartirlo con todo aquél que venga abierto de mente y corazón.
Llámalo destino, llámalo casualidad, llámalo insistencia. Lo cierto es que si este verano no hubiera ido a Artosilla, muchas cosas de las que ahora están por venir en mi vida no sucederían, simplemente porque ignoraría que existen. Otra vida es posible, y sé que algunos de vosotros estaríais felices de vivirla.
Besos,
-curro-
P.S.: si queréis saber más sobre ecoaldeas y comunidades en España, decídmelo y os cuento lo poco que voy aprendiendo por correo.
Tras el típico periplo que os comentaba en el artículo anterior, había ya planeado tomarme unos días para asistir a una "Semana de Experiencia y Vida Comunitaria" en Artosilla, provincia de Huesca, organizada por la asociación ecologista Selba entre el 28 de julio y el 3 de agosto. Mi amigo Luismi, con el que siempre he compartido el interés por una vida sencilla y ecológicamente coherente, me había hablado de ello, y no dudé en lanzarme a ver de qué se trataba todo esto que Selba proponía. Luismi, que no estaba seguro de poder asistir, al final pudo; y mi hermana, ni corta ni perezosa, también se unió, con idea de rememorar sus experiencias comunitarias en Sudamérica (o América, que parece mentira que una pequeña parte como son los E.E.U.U. se haya adueñado del nombre del continente... en fin, esa es otra historia, ya sabéis).
Aunque no sabíamos muy bien qué ibamos a encontrarnos, llevábamos las palabras ecología, compartir y disfrutar bien presentes en la trastienda del cerebro. Y las expectativas muy altas, aunque intentásemos decirnos a nosotros mismos: "no esperes demasiado de nada, te vas a decepcionar". Artosilla resultó no decepcionar a ninguno de los que allí fuimos. Pueblo de unos 10-12 habitantes a día de hoy, fue abandonado en la década de los 50 y empezó a repoblarse a finales de los 80. Sus habitantes, hoy y ayer, mantienen ciertas diferencias en cuanto a "qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos", pero existen una serie de premisas aceptadas por todos: la propiedad privada no existe (todos saben quién ha recuperado qué casa y eso los convierte "de facto" en sus habitantes); las decisiones se toman en pleno por todos los habitantes del pueblo en sesiones mensuales; Artosilla es una ecoaldea (o al menos un proyecto de ecoaldea, pues el impacto al medio ambiente es algo que siempre puede reducirse).
Y cuando hablamos de ecologismo en Artosilla, hay nombres propios: Ulises, Nuria y Francina, que han creado una "comunidad dentro de la comunidad" que se caracteriza por el ecologismo y la vida en grupo: comparten comidas, sentimientos y trabajo en la comunidad (donde siempre hay mucho a hacer), todo ello guiado por principios ecológicos de reducción del uso innecesario de recursos y de la contaminación del medio que los rodea. Ellos organizaron esta "Semana de Experiencia", y tod@s l@s que asistimos les agradecemos que lo hicieran.
Durante esta semana, unas 15-20 personas compartimos todo nuestro tiempo en trabajar por cosas comunes. Ayudamos en el pueblo: a limpiar, a construir, a organizar eventos (las primeras fiestas de Artosilla desde su repoblación ocurrieron este año, con nuestra colaboración). Visto desde fuera, obteníamos comida y cobijo a cambio de trabajar (esclavismo, que decía mi hermano en tono de medio broma). Visto desde dentro, compartimos muchísimo más, y mi impresión es que el alimento más grande no eran ni la comida ni la cama (que también se agradecían) que se nos proporcionaba, sino el respeto y el cariño que nos dábamos unos a otros. Yo siempre digo que cuando estás feliz no necesitas ni comer ni dormir tanto, sólo quieres estar ahí y empaparte de lo que estás viviendo. El resto es secundario.
En una semana creamos un espíritu de grupo que muchas veces no se consigue ni con años de amistad. Jugar juntos, trabajar juntos, escucharse, tocarse... te hace compartir "a otro nivel" del que estamos acostumbrados. Y eso se nota. La prueba más clara estuvo en la fiesta que antes he mencionado: disfrutamos, bailamos, jugamos en grupo como cuando éramos unos enanos; podría haber parecido que estábamos borrachísimos, pero no era más que felicidad. Bailabas con unos y con otros, animando a los demás mientras ellos te animaban a tí, con una sonrisa en la cara que era imposible de borrar. Inolvidable.
Como veis para mí ha sido una experiencia inolvidable que me hace tener cada vez más claro que el tipo de vida que la mayoría de nosotros llevamos (incluído yo) no es el que más me satisface. Y que, por lo tanto, poco a poco iré tomando posiciones para apartarme de ello y tener tiempo para disfrutar, trabajar en mis propios proyectos.... y sobre todo, compartirlo con todo aquél que venga abierto de mente y corazón.
Llámalo destino, llámalo casualidad, llámalo insistencia. Lo cierto es que si este verano no hubiera ido a Artosilla, muchas cosas de las que ahora están por venir en mi vida no sucederían, simplemente porque ignoraría que existen. Otra vida es posible, y sé que algunos de vosotros estaríais felices de vivirla.
Besos,
-curro-
P.S.: si queréis saber más sobre ecoaldeas y comunidades en España, decídmelo y os cuento lo poco que voy aprendiendo por correo.
Publicité