Deqin - Zhongdian

Publié le par Curro Zuloaga

Zhongdian, RPC, 24 de junio de 2006

    Me levanté tempranísimo esa mañana, a las 6:00 o así. No es que quisiera intentar ver el amanecer de nuevo, fue simplemente el hecho de tener mil cosas en la cabeza que no te dejan dormir en paz. Llovía. Muchísimo. Me fui al bar, que ya estaba abierto, a desayunar y escribir un poco, mirar mi correo, leer… hasta que Diego se levantase. Como a las 9:00 seguía sin hacerlo, fui a sacarlo de la cama.

    A las 10:30 o así, tras ducharnos con agua fría y vaguear un poco en el bar, pusimos rumbo al centro de Deqin, donde tomaríamos el bus a Zhongdian. Se notaba ya un cierto aire de regreso, todo sucedía mucho más lento, no teníamos prisa por llegar a ninguna parte. Ya habíamos visto lo que queríamos ver, y ahora simplemente volvíamos a casa.

    Compramos los billetes, pero nos quedaban aún dos horas esperando. Teníamos cartas, así que decidimos jugar al poker, apostando como buenos chinos. Pero apostando galletas: una galleta estándar tenía valor unidad y una de chocolate valía por cinco normales. Al final, obviamente, nos las comimos a medias sin importar quién hubiera ganado.

    En el autobús, la gente escupe en el pasillo, se saca los mocos de la nariz, fuma, tose sin taparse la boca, etc. No es agradable, y te vuelve loco como estés un poco susceptible ese día. El autobús, además, estaba en las últimas y había que parar para rellenar el circuito del agua cada hora. Durante el trayecto conocimos a Jens, un chico belga, que llevaba ya más de un año en Asia. Y es que había conocido a una chica tailandesa hacía unos meses y no quería separarse de ella. Nos contó la primera impresión del padre de ella cuando lo conoció y vio que era europeo… la furia asiática salió a relucir, pero parece que finalmente lo aceptan.

    Al llegar a Zhongdian, fuimos a tomar una cerveza a un sitio que Jens conocía. Era casi como una casa particular, y nos atendieron muy agradablemente. Estuvimos enseñando nociones básicas de inglés a algunos de ellos, que estaban realmente interesados en aprender. Es divertido ver cómo no pueden hacer algunos sonidos, simplemente porque no forman partes de sus fonemas (al contrario sucede lo mismo, por supuesto).

    Luego, Diego y yo fuimos a cenar a un sitio que, por lo visto, había abierto hace sólo tres días, con lo cual estábamos casi solos y el trato fue también excepcional. Lo único es que tuvimos que esperar a que la cocinera volviera de bailar (Zhongdian es la ciudad dónde ya os conté que bailan todos los días en la plaza del pueblo al anochecer).

    Dormimos los tres en una habitación triple en otro sitio que conocía Jens. Esa noche caí rendido en la cama, había sido de verdad un día larguísimo.

Foto: toda la poblacion de Zhongdian bailando en la plaza principal, como cada noche

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Publié dans China

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